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López Simón en el Club Cocherito

Bilbao, 14 de diciembre de 2015

                    Alberto López Simón en el Club Cocherito de Bilbao



UN LOCO QUE HA HECHO REALIDAD SU SUEÑO

“Hasta el mes de mayo de este año, 2015, yo solo era un loco soñador por el que el 99 por ciento de la gente no apostaba un euro, pero he demostrado que con esfuerzo y constancia la vida te regala cosas importantes”. Con estas palabras comenzó  la charla-coloquio que Alberto López Simón – el indudable triunfador de la temporada pasada con sus 52 orejas en 25 tardes – mantuvo el 14 de Diciembre con un nutrido grupo de socios del Club Cocherito de Bilbao.






El torero hizo un repaso a su vida desde el momento en que decidió ingresar en la Escuela Taurina de Madrid donde pasó momentos difíciles por su carácter tímido e introvertido y su falta de antecedentes familiares taurinos. “Me sentí desplazado por alguno de los profesores y pensé más de una vez el dejarlo. Pero apareció en mi vida el maestro José Luis Bote, primero, y Gregorio Sánchez, después, y todo comenzó a cambiar”, comentó el diestro madrileño que reconoció que siempre ha tenido alguien que le ha ayudado en sus momentos de duda y depresión.

Uno de esos momentos lo sufrió tras aquel Domingo de Ramos de 2014 cuando, tras torear en Madrid sin conseguir el triunfo deseado, se rompió anímicamente. “Me retiré a una casa que tienen mis padres en un pueblo pequeño. No quería saber nada de toros porque no llegaba a hacer realidad mi sueño. Entonces apareció mi amigo Antonio Paia, me llevó a su finca de Salamanca y, una tarde que paseábamos por el campo, vimos una vaca vieja y me puse a torearla en soledad, sin nadie que me juzgara. Ese animal me devolvió las ganas de torear”, confesó antes de añadir que entonces recordó la frase de José Tomás: “ Vivir sin torear no es vivir”.

Una vez convencido de que necesitaba torear para ser feliz, Alberto López Simón volvió von la idea de que las cosas hay que hacerlas con la máxima pasión. Y así llegó el 2 de Mayo de 2015, la fecha de su primera Puerta Grande en Las Ventas, después de ser corneado en su primero, al que cortó una oreja, y salir de la enfermería para matar al segundo, al que también desorejó. Tres semanas después, el día 22 de mayo, apenas recuperado, volvió al coso madrileño ante la expectación de la afición que quería saber si lo ocurrido el Día de Comunidad había sido casualidad o significaba la reafirmación del torero. “Fue una tarde muy emocionante y volví a cumplir el sueño de salir a hombros”.


Pero, lo que son las cosas en este mundo de los toros, a partir de estos triunfos “el teléfono sonaba pero no decía lo que se quería oir. Me llamaban para carteles de relleno con el tono despectivo de que era un torero joven. Como había estado tanto tiempo a la sombra sabía que no tenía que perder los nervios. Tenía muchas ganas de torear pero también entendía que tenía que hacerme respetar”. En Pamplona sí le respetaron y allí, entre el jolgorio de las peñas, que terminaron por rendirse al torero, hizo una de sus grandes faenas al hilo de las tablas. Se aisló del ruido y caló hondo en la afición navarra.

La afición vasca pudo verle en Illumbe y en Azpeitia. No en Bilbao, donde no llegó a un acuerdo con la Junta Administrativa. Espera hacerlo en la temporada del 2016, una temporada que no quiere planificar en exceso porque “lo mismo que no se puede llevar a la plaza una faena preconcebida desde el hotel, la temporada de un torero debe hacerse según vienen las cosas. Así lo entiendo y así lo hago”.


Copy de los Textos: José Antonio del Moral
Copy de las Fotos: Manu de Alba


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